Haciendo Remembranza...

Haciendo remembranza...

 Julio César, cmf


E

n meses pasados, yo, Julio Cesar, Misionero Claretiano, recibí la gracia de la ordenación para servir como Presbítero dentro de la Congregación de los Hijos del Inmaculado Corazón de Maria. Exactamente fue el día sábado 29 de Julio de 2006, en la ciudad de México. Quisiera comentar en este espacio mis estimados hermanos claretianos, algunas impresiones acerca de mi corta pero intensa experiencia de estar radicando como Misionero en este país del "Sol Naciente", Japón.

Untitled3Ahora traigo a mi memoria el primer encuentro con esta Delegación de Asia Oriental, personificado en la figura del Padre Marcelino Fonts y nuestro estudiante de Teología Masuda Ken... Un día sábado 29 de Mayo de 2004, en el Aeropuerto de Narita, Tokyo, con una sonrisa natural y acogedora me recibieron proveniente de México estos dos personajes de feliz memoria. Eran días llenos de incertidumbre y emoción a la vez... Que seria de mi en estas tierras?... Que Dios tendría preparado para mi en el futuro inmediato?... Eran mis preguntas...

 Aunque muchas de las preguntas que tuve desde esos días, las tengo ahora... Deseo compartirles mi alegría y la gratitud que siento con Dios Liberador y Dador de Vida, así como con mi querida Congregación Claretiana por las muestras claras de amor fraterno, solidario y misionero. Es verdad que vivimos en un mundo donde las utopías estan en cierto "entredicho", pues la realidad cuestiona nuestras convicciones, nuestros ideales... Pero también es verdad que "la verdad" del Reino se da "en semilla"... aunque pequeñas, se vislumbran luces que apuntan hacia nuestro objetivo como misioneros anunciadores de Buenas Noticias.

Untitled4En este momento me encuentro en la Iglesia de Imaichi, en Osaka. Esta comunidad es mi primer paso en muchos sentidos, y como tal, ha sido hasta hoy una experiencia muy fuerte y hermosa a la vez. Experimento la necesidad de seguir aprendiendo, pero sin precipitaciones... Recuerdo ahora las palabras de un hermano: "Sin prisas, pero sin pausas"... El tren de la vida lleva su velocidad propia, pero es cierto también que yo tengo la mía. En este sentido, creo que debo tomar mi propio ritmo de aprendizaje y asimilación de mi entorno. Para esto, cuento con el apoyo de mi comunidad religiosa, la comunidad cristiana y especialmente, la gracia del Espíritu.

Queridos hermanos y compañeros de trajín, otra cosa que me parece fundamental para mi perseverancia en la lucha y en el camino, fue y es la Oración... Definitivamente estoy convencido que no hubiera podido adaptarme a un país tan diferente y rico sin buscar momentos para encontrarme con El en la oración y escuchar nuevamente su llamado en el interior del corazón.

Finalmente, deseo que sus trabajos y luchas diarias sean siempre un motivo para seguir esperando... para seguir convencidos de que "otro mundo es posible". Que nuestras fatigas y crisis, cuando se tengan por amor a Dios en sus hijos-as no son un desperdicio, sino una oblación agradable al Dios Padre y Madre que sigue mostrando su Rostro en los rostros de sus creaturas.

 

 

¡¡Hasta la próxima!!

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