Sueño de Dios para los jóvenes.

JMJ JaponesesEn Cracovia el Papa Francisco animó a los jóvenes a no dejar de soñar porque Dios es quien tiene un sueño para ellos. La JMJ es como un sueño, una experiencia extraordinaria, y al mismo tiempo es un lugar donde se encuentran los sueños de millones de jóvenes.

 El primer sueño que tuvimos en Polonia fue el encuentro con la Familia Claretiana en Lodz y la reunión con los demás participantes de la Delegación de Asia Oriental (EAD). Estemos dónde estemos nos sentimos siempre como en familia cuando nos reunimos. ¡Sí, esto es nuestra claretianidad! 

Con EAD

Nuestros jóvenes, aunque algunos de ellos aún no conocían muy bien quienes eran los claretianos, experimentaron y saborearon este espíritu cantando, bailando, gritando y rezando juntos. Y al final todos nosotros conocimos la alegría de ser claretianos y de vivir como una sola familia en la fe. ¡Bendito sea Dios! ¡Éste es el sueño de Claret!

Al llegar a la estación de Cracovia nos recibieron los estudiantes polacos de una academia del idioma japonés. Estos estudiantes nos contaron sus sueños de conocer Japón y nuestra cultura y nos sentimos felices al ver a sus caras radiantes de ilusiones. 

JMJ Lodz

Llegando a la Iglesia de Jesús el Buen Pastor nos unimos con el grupo oficial de los peregrinos de todas las diócesis japonesas. También fue un regalo maravilloso de Dios esta vivencia con los japoneses. Por la mañana en la catequesis todos los jóvenes japoneses profundizaron su fe y la amistad con sus compañeros. Y por la tarde salimos a las calles de Cracovia con muchas ilusiones porque nos esperaba el encuentro con los jóvenes de todo el mundo. Caminando en la ciudad saludamos a miles de jóvenes con sonrisas brillantes de alegría. Al vernos muchos nos saludaron en japonés “konnichiwa” o a veces “arigato” y nosotros también intentamos contestarles en sus idiomas. Allí las banderas nacionales ya no son signos de conflicto sino son símbolos de la paz. La experiencia del pentecostés no es hablar el mismo idioma o tener una sola nacionalidad sino es vivir el mismo sueño.

 

En Wroclaw

Animados por el encuentro con el Papa Francisco todos nosotros, casi dos millones de jóvenes, rezamos la Vigilia cada uno llevando su velita. Estos millones de luces en el campo atardecido nos enseñaron que este mundo todavía está lleno de esperanza y que todos aquellos jóvenes con velas son sueños de Dios. Rezando delante del Santísimo di gracias a Dios dentro de mi corazón: Gracias, Señor, por llevarme aquí con estos chicos. Gracias por haberme llamado a vivir como misionero y sacerdote. Gracias por tus sueños en nosotros…


Después de la JMJ visitamos el campo de concentración de Auschwitz. Nos sorprendimos de que los seres humanos pueden realizar aquellas pesadillas tan inhumanas. Sin embargo, en la visita a Wroclaw (allí también nos acogió con mucho cariño nuestra comunidad de formación) y a Praga, nos quedamos boquiabiertos al contemplar la belleza del arte. ¿Es posible que las mismas manos humanas destruyan los seres humanos que son templos de Dios y al mismo tiempo construyan las iglesias hermosas alabando a Dios? ¿Qué hacen mis manos, una pesadilla o el sueño de Dios?

En Praga En la narración de estas experiencias intensas no podemos olvidar cómo Dios nos guió con buen sentido del humor. En la JMJ normalmente los jóvenes duermen en gimnasios de colegios o en salones de iglesias, pero esta vez muchas familias polacas se ofrecieron a hospedar a los peregrinos es su casa. Pero aquí experimentamos un milagro. ¡Los que nos acogieron en Lodz eran una familia japonesa! (¡Y curiosamente esto fue por pura coincidencia!) Además ellos conocían muy bien a muchos claretianos, incluso a los claretianos de la comunidad de Praga. Y en Praga nos acompañó un guía de turismo de una agencia japonesa pero este señor también tenía buena amistad con los claretianos de Austria. Este guía nos llevó a un convento con una biblioteca antiquísima y allí nos recibió un fraile franciscano… ¡¡y su nombre religioso era Antonio María Claret!! Me quito sombrero ante el buen sentido de humor que tiene nuestro Señor. ¡Viva el sueño de Dios!

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